Dentro, mar y sueño ligero.
Bajo el barco pesquero sus faldas enredadas suavemente se unían sin miedo.
Estallaban las olas su ferviente pasión.
Tormenta de océano fugaz, esperanza y suspiro falaz.
Silencio, miedo, amor sin freno
Ellas surcaron sus púberes vergüenzas
Obligadas, sometidas, a la deriva
Escapando de quienes repudiaron asustados su amor nocturno.
Elisabeth duerme, mar abajo, en su regazo silencioso de noche soberbia.
Vanesa ve, oye, siente sus labios y llora.
Risueñamente ella despierta exaltada.
Ríen, cantan.
Familiares se sientan, cenan, contemplan la tormenta, espantados.
Ellas sueñan, se abrazan, se mienten, observan, lloran
El mar testarudo derribó ciudades y separó para siempre dos mundos:
El de ellos y el de ellas, bellezas de océano, mujeres del silencio.
Ana Pepe
Primer borrador
Abril 2012
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